miércoles, 22 de agosto de 2007

Te sueño como bosque


Tu cuerpo es un bosque perdido,
alberga musa lúgubre mi rostro errante
que me pierdo en la espesura de tus penachos de pelo verde,
cuidadosamente esparcidos con orden natural, divino.
Sosiego a mi exhausto devenir son las cascadas dulces
chorros de la boca tuya
empedrada de perlas finas.

El sol te sale por encima del hombro izquierdo
y yo, que dormía en la colina de tu pecho,
he despertado hambriento y asustado,
porque me sueño perdido en tu espesura infinita
sin noción de tiempo ni espacio;
que el ahora parece un nunca y el aquí es como el allá
en la excéntrica revolución del orbe tu cabeza.

Y del riachuelo crecido que te baja el vientre
justo encima de la caverna oscura ombligo ahondado
soy marino náufrago entre corrientes arrastrado
de los sudores fríos y pasmados que hienden el vientre puro,
pedazos de piel la tierra virgen que yace
dormida entre esas dos columnas de troncos las piernas,
troncos pedestales del duro granito, músculo tensado.

Nueve dedos al crepúsculo insomne, crispados
y el décimo, señalando al aire los ventarrones helados de mi boca.
Amenazo con congelarte el paladar de hojas secas del cielo de tu boca,
soy ventisca adormecedora en la sombra del follaje tibio.
Sólo ahora eclipsará tu luna el ritmo pendular de mis azotes
y arrasaré con perdición entre los vellos amarillos, canastas de sol
para ser tu y yo una sola tierra, un solo bosque, el mismo río.

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